14 de julio de 2026
El día en que Europa comenzó a considerarse nuevamente una potencia
Por Louis Perez y Cid
El 14 de julio de 2026 bien podría pasar a la historia como algo más que una fiesta nacional francesa.
Los ejércitos de los estados miembros de la Unión Europea marcharon por los Campos Elíseos, acompañados por varias democracias aliadas. Una imagen inusual. Una imagen poderosa. Más aún, una imagen inusual: la de un Occidente capaz de mostrar unidad sin la presencia estadounidense.
Por supuesto, ese día no se firmó ningún tratado. No nació ningún estado federal europeo. Sin embargo, los símbolos importan en política. Y algunos símbolos a veces anuncian tiempos de cambio.
Porque detrás de este desfile se esconde una pregunta que los europeos han eludido durante casi ochenta años: ¿puede Europa garantizar su propia seguridad y su propio destino?
Para comprender lo que revela este 14 de julio, debemos retomar una paradoja histórica. Durante siglos, Europa fue el centro del mundo. Sus barcos surcaban los océanos. Sus imperios dominaron varios continentes. Sus universidades generaron conocimiento. Sus ejércitos impusieron el equilibrio de poder internacional. Sus ideas, desde la democracia hasta la Revolución Industrial, moldearon el futuro de la humanidad.
Luego se embarcó en su propia destrucción.
Las dos guerras mundiales constituyen quizás el mayor suicidio geopolítico de la historia. En el lapso de treinta años, las naciones europeas dilapidaron su poder en conflictos fratricidas de una magnitud sin precedentes. Cuando las armas enmudecieron en 1945, el continente estaba arruinado, dividido e incapaz de garantizar su propia seguridad.
Dos vencedores dominaban ahora el mundo: Estados Unidos y la Unión Soviética. Europa Occidental, naturalmente, se decantó por el bando estadounidense. Esta elección le trajo paz, prosperidad y reconstrucción. El Plan Marshall reactivó su economía. La OTAN garantizó su protección. Pero esta seguridad tuvo un precio: el abandono gradual de la autonomía estratégica.
Durante décadas, esta dependencia pareció razonable. ¿Para qué financiar una potencia militar europea cuando Washington garantizaba la seguridad del continente?
El problema es que la historia nunca se detiene.
El regreso de la guerra al continente europeo, las tensiones sino-estadounidenses y la evolución de la política estadounidense nos recuerdan una realidad simple: Estados Unidos siempre priorizará sus propios intereses.
Esto no es ni una traición ni una anomalía. Es la lógica de cualquier gran potencia.
Los europeos están redescubriendo así una verdad olvidada: la soberanía nunca puede delegarse por completo.
El desfile del Día de la Bastilla del 14 de julio de 2026 sirvió para plasmar esta constatación. Por primera vez en mucho tiempo, la imagen proyectada no fue la de estados europeos protegidos por un aliado externo, sino la de naciones democráticas que buscan organizar su propia seguridad de forma conjunta.
Esta evolución no significa que Estados Unidos vaya a desaparecer de la ecuación. Sigue siendo un aliado crucial. Pero sugiere que Europa está empezando a considerar seriamente lo que parecía imposible hace tan solo unos años: convertirse en una potencia estratégica de pleno derecho.
El camino por delante sigue siendo inmenso.
No existe un ejército común. Los intereses nacionales a menudo divergen. Los europeos no comparten la misma percepción de las amenazas ni la misma cultura estratégica. La Unión Europea sigue siendo más una construcción económica y jurídica que un verdadero poder político.
Pero toda gran construcción histórica comienza con una idea antes de convertirse en institución.
El 14 de julio de 2026 probablemente no marcará el nacimiento de los Estados Unidos de Europa.
Quizás marque algo aún más importante: el momento en que los europeos comenzaron a considerar que esta pregunta finalmente merecía ser planteada.
Porque a Europa no le faltan ni población, ni riqueza, ni tecnología, ni historia.
Lo que aún le falta es la voluntad política para transformar estos recursos en poder.
Y quizás eso, en última instancia, es lo que este desfile transmitía tácitamente.