EDITO 19
EL PAPA Y EL IMPERIO IMAGINARIO
Por Louis Perez y Cid
Hablar del Papa en la página web de la Legión puede parecer sorprendente.
Sin embargo, en la Legión, ninguna ceremonia importante comienza ni termina sin una Misa.
Entre el silencio de las armas y la palabra sagrada, no hay contradicción, sino una tradición ancestral. Es en este equilibrio donde ciertas palabras, incluso las de un pasado lejano, encuentran aquí una resonancia particular.
A veces, una sola frase pronunciada en televisión basta para revivir todo un siglo.
En los últimos días, durante un debate, algunos han visto en la tensión verbal entre el Papa y el Presidente de los Estados Unidos un eco de otro enfrentamiento: el que enfrentó a Juan Pablo II con la Unión Soviética.
La imagen es impactante. Incluso reconfortante. Un Papa, un poder, una voz moral frente a un imperio. Y, al final de la historia, la promesa de una caída.
Pero la historia no se repite a instancias de los medios.
Al fin y al cabo, ¿qué estamos comparando?
Por un lado, un mundo estructurado por bloques, atravesado por una oposición ideológica total, donde cada palabra implicaba más que una opinión, una visión del mundo.
Por otro, una secuencia contemporánea compuesta de declaraciones, desacuerdos y tensiones mediáticas entre Francisco y un líder estadounidense, ya sea el presidente o sus sucesores.
En el primer caso, Juan Pablo II se dirigía a un sistema ya fracturado, cuyas contradicciones internas preparaban su fin, culminando en la caída de la Unión Soviética.
En el segundo, el Papa se dirige a un poder inquebrantable, que ya ni siquiera pretende encarnar una verdad universal, sino solo defender sus intereses.
No es la misma escena, no es el mismo lenguaje, no es el mismo mundo.
Sin embargo, lo que revela este paralelismo no es tanto un análisis como una necesidad.
La necesidad de redescubrir líneas claras, confrontaciones inteligibles, figuras que, por sí solas, encarnen el significado de la historia. En resumen, la necesidad de seguir creyendo que el mundo aún se tambalea al borde del colapso.
Pero nuestra era ya no se tambalea; se está desintegrando.
Los conflictos ya no enfrentan a bloques entre sí; impregnan las sociedades. Las palabras ya no derrocan regímenes; se suman al clamor. Y la autoridad moral misma ya no se impone; se debate, se cuestiona y, a veces, se ignora.
Así que invocamos a los fantasmas del siglo XX, recreamos escenarios conocidos y esperamos reconocer, en el desorden del presente, las señales familiares de un fin inminente.
Pero en esta historia no hay ningún imperio soviético. Tampoco hay un momento Camerone donde todo esté en juego.
Simplemente hay un mundo que se ha vuelto demasiado complejo para ser contenido en una confrontación.
Al buscar constantemente a Juan Pablo II, terminamos inventando URSSs.
Seguimos esperando colapsos.
Pero el mundo ya no se está derrumbando; se está alejando.