Los 18
Basada en la historia real del viaje de Fernando de Magallanes
Una serie de novelas gráficas de Luis Pérez y Cid.
En 1519, 240 hombres zarparon de Sevilla. Marineros veteranos, extranjeros inexpertos, hombres atormentados por su pasado y niños.
Cinco barcos se embarcaron rumbo al Océano Atlántico bajo el mando de Fernando de Magallanes.
Nadie conocía su verdadero destino. Llevaban provisiones para dos años a bordo.
Los mapas se detenían donde comenzaba su ruta. Partieron hacia el vacío.
Tres años después, solo un barco regresó, cargando varias toneladas de clavo y… 18 supervivientes.
El capitán Juan Sebastián Elcano completó la primera circunnavegación del globo de la historia.
Pero entre la partida y el regreso, no hubo gloria.
Hay hambre, miedo, traición, frío, calor sofocante, motín, lucha y sangre, mucha sangre.
Esto no es una leyenda. Es peor.
Durante más de diez años, exploré archivos, relatos y mapas.
Este viaje es uno de los mejor documentados de su siglo. Todo está ahí: las fechas, los nombres, los conflictos y las muertes.
Lo que estaba en juego en este viaje era nada menos que el monopolio del producto de lujo que desempeñaba un papel fundamental en la economía europea de la época: las especias.
El reto del guion no era inventar.
El reto era hacer latir el corazón bajo la cronología y preservar la épica de las grandes sagas.
La elección de los "grumetes"
Para redescubrir la libertad y la emoción en mi narrativa, opté por narrar la expedición a través de los ojos de los más invisibles: los "grumetes", aquellos a quienes la Historia olvida.
Huérfanos, niños de la calle, niños sin estatus, embarcados como equipaje. Eran numerosos, más de una cuarta parte de la tripulación si contamos a los grumetes y los pajes.
Desde la perspectiva de un niño, la aventura adquiere un cariz diferente. La tormenta ya no es un acontecimiento marítimo; es el posible final.
El motín ya no es un episodio político; es el miedo a ser masacrado en la sombra.
El capitán ya no es una figura histórica; es un hombre admirado, temido y no siempre comprendido.
Tras las figuras de héroes congelados por la leyenda, una historia humana emerge a través de sus ojos.
Este viaje es uno de los mejor documentados de su siglo. Todo está ahí: las fechas, los nombres, los conflictos y las muertes.
Lo que estaba en juego en este viaje era nada menos que el monopolio del producto de lujo que desempeñaba un papel fundamental en la economía europea de la época: las especias.
El reto del guion no era inventar.
El reto era hacer latir el corazón bajo la cronología y preservar la épica de las grandes sagas.
La elección de los "grumetes"
Para redescubrir la libertad y la emoción en mi narrativa, opté por narrar la expedición a través de los ojos de los más invisibles: los "grumetes", aquellos a quienes la Historia olvida.
Huérfanos, niños de la calle, niños sin estatus, embarcados como equipaje. Eran numerosos, más de una cuarta parte de la tripulación si contamos a los grumetes y los pajes.
Desde la perspectiva de un niño, la aventura adquiere un cariz diferente. La tormenta ya no es un acontecimiento marítimo; es el posible final.
El motín ya no es un episodio político; es el miedo a ser masacrado en la sombra.
El capitán ya no es una figura histórica; es un hombre admirado, temido y no siempre comprendido.
Tras las figuras de héroes congelados por la leyenda, una historia humana emerge a través de sus ojos.
El artificio de un narrador.
Nuestra historia comienza en 1571, en una abadía gallega. Un anciano relata su historia. Era un grumete, uno de los 18. Al incluir este recurso, puedo desarrollar la épica preservando el fundamento histórico.
Este narrador le da a la historia una profundidad visceral; sabemos desde el principio que casi todos morirán, y aun así, nos encariñamos con ellos. Han pasado cincuenta y tres años. El recuerdo no glorifica; pesa. Regresa fragmentado. Todavía tiembla.
El alma de los 18
Este viaje no es una simple hazaña marítima. Es una lucha constante contra los poderes políticos que maniobran en la sombra. Contra el mar, contra el frío del sur y el calor sofocante del trópico. Contra los propios hombres.
Nada estaba predeterminado, nada era un hecho. Lo que los sostenía era una voluntad casi irracional de llegar hasta el final. Una obstinación que trasciende la ambición personal.
Esto es lo que narra *Los 18*: el fuego interior que impulsa a algunos hombres, y a algunos niños, a seguir adelante cuando todo debería hacerlos rendirse.
Una epopeya en seis volúmenes
El viaje duró tres años.
Se necesitó tiempo para respetar su densidad; la serie se desarrolla en seis álbumes.
El primero está completamente dibujado y actualmente en proceso de coloreado.
El segundo está dibujado en tres cuartas partes.
El tercero está en su storyboard.
Los tres guiones restantes están escritos.
La aventura en sí permanece intacta. El viaje continúa.
Nuestra historia comienza en 1571, en una abadía gallega. Un anciano relata su historia. Era un grumete, uno de los 18. Al incluir este recurso, puedo desarrollar la épica preservando el fundamento histórico.
Este narrador le da a la historia una profundidad visceral; sabemos desde el principio que casi todos morirán, y aun así, nos encariñamos con ellos. Han pasado cincuenta y tres años. El recuerdo no glorifica; pesa. Regresa fragmentado. Todavía tiembla.
El alma de los 18
Este viaje no es una simple hazaña marítima. Es una lucha constante contra los poderes políticos que maniobran en la sombra. Contra el mar, contra el frío del sur y el calor sofocante del trópico. Contra los propios hombres.
Nada estaba predeterminado, nada era un hecho. Lo que los sostenía era una voluntad casi irracional de llegar hasta el final. Una obstinación que trasciende la ambición personal.
Esto es lo que narra *Los 18*: el fuego interior que impulsa a algunos hombres, y a algunos niños, a seguir adelante cuando todo debería hacerlos rendirse.
Una epopeya en seis volúmenes
El viaje duró tres años.
Se necesitó tiempo para respetar su densidad; la serie se desarrolla en seis álbumes.
El primero está completamente dibujado y actualmente en proceso de coloreado.
El segundo está dibujado en tres cuartas partes.
El tercero está en su storyboard.
Los tres guiones restantes están escritos.
La aventura en sí permanece intacta. El viaje continúa.
El primer álbum. Antes de la leyenda
Fernando de Magallanes es a menudo retratado en el momento de su triunfo, al cruzar el estrecho que llevará su nombre; eso es para los artistas.
Pero antes del estrecho, hubo rechazos, dudas, maniobras políticas, amenazas y desconfianza.
Luego llegó el aislamiento. Nadie puede aconsejarlo, su destino es secreto y nadie puede predecir la duración del viaje.
Los marineros experimentados se niegan a embarcar. Deben reclutar en otro lugar.
Convertir barcos viejos. Prepararse para lo impredecible.
Quizás la mayor hazaña no fue cruzar el estrecho.
Quizás fue convencer a hombres y niños de partir.
Fernando de Magallanes es a menudo retratado en el momento de su triunfo, al cruzar el estrecho que llevará su nombre; eso es para los artistas.
Pero antes del estrecho, hubo rechazos, dudas, maniobras políticas, amenazas y desconfianza.
Luego llegó el aislamiento. Nadie puede aconsejarlo, su destino es secreto y nadie puede predecir la duración del viaje.
Los marineros experimentados se niegan a embarcar. Deben reclutar en otro lugar.
Convertir barcos viejos. Prepararse para lo impredecible.
Quizás la mayor hazaña no fue cruzar el estrecho.
Quizás fue convencer a hombres y niños de partir.
Extracto del diálogo de un grumete al comienzo de la novela gráfica.
En aquel entonces, no sabía nada. Reyes, tratados, mapas guardados bajo llave, e incluso el mar. Mi amigo Vasco y yo solo queríamos comer hasta saciarnos y dejar los muelles donde no vales nada.
En 1518, nos embarcaron como grumetes a bordo del Trinidad, el buque insignia de Fernando de Magallanes. Nos dieron un cuenco, una cama y un lugar entre los hombres. No sabíamos adónde íbamos, solo sabíamos que no volveríamos atrás. Los salvajes se llevaron a mis amigos, el mar se llevó a muchos otros.
Seguimos adelante, a pesar del frío y del hambre, hasta los confines de la tierra.
Cuando la Victoria, comandada por Juan Sebastián Elcano, regresó a Sevilla…
“El mar puede matar a un hombre. No puede quebrantarlo.” El valor de las especias
Clavo de olor, el ejemplo más espectacular
El clavo de olor, originario exclusivamente de las Molucas, era la especia más preciada a principios del siglo XVI. A principios del siglo XVI, en Londres o Amberes, 1 kg de clavo podía valer el equivalente a entre 7 y 10 g de oro.
En la práctica, esto significa:
Una bolsa de clavo de olor = un pequeño tesoro
Un cargamento bien conservado = riqueza instantánea
Una comparación con la que todos pueden identificarse
Salario anual vs. especias
Alrededor de 1500:
Un marinero o trabajador cualificado ganaba aproximadamente entre 5 y 10 ducados al año
1 kg de pimienta podía valer 1 ducado o más en Europa
Una sola bolsa de pimienta podía representar el salario de varios meses.
Dote, rescate, herencia
Los archivos muestran que:
Las dotes aristocráticas a veces se pagaban parcialmente con especias
Las deudas importantes podían saldarse con pimienta o nuez moscada
Los inventarios post mortem enumeraban las especias Junto con el oro y la plata.
Las especias eran una reserva de valor, no solo un condimento.
Pimienta, el "oro negro" de finales de la Edad Media.
La pimienta era tan preciada que:
Servía como moneda.
Se hablaba de la renta de la pimienta (rentas pagadas en pimienta).
Se guardaba en cofres cerrados.
Un dicho medieval, aún citado en el siglo XVI, era: "Rico como un comerciante de pimienta". ¿A qué se debe este valor exorbitante?
Extrema escasez (áreas de producción muy limitadas).
Utilidad vital: conservación de alimentos, medicina, perfumes, estatus social.
Monopolios comerciales (venecianos, luego portugueses).
En la época de Magallanes, un puñado de especias podía valer su peso en plata, e incluso en ocasiones casi el del oro.
Sólida referencia histórica (siglo XVI).
Antonio Pigafetta, cronista oficial de la expedición de Magallanes, escribió sobre el regreso de la Victoria (1522) en su «Relato de la primera vuelta al mundo» (1524), archivo de la Casa de Contratación de Sevilla. «El barco regresó cargado de clavo, en tal cantidad que su sola venta cubrió todos los gastos de la expedición». Esta frase es crucial porque demuestra sin lugar a dudas que un solo cargamento de especias compensó la pérdida de cuatro de los cinco barcos y la muerte de la gran mayoría de las tripulaciones.
En aquel entonces, no sabía nada. Reyes, tratados, mapas guardados bajo llave, e incluso el mar. Mi amigo Vasco y yo solo queríamos comer hasta saciarnos y dejar los muelles donde no vales nada.
En 1518, nos embarcaron como grumetes a bordo del Trinidad, el buque insignia de Fernando de Magallanes. Nos dieron un cuenco, una cama y un lugar entre los hombres. No sabíamos adónde íbamos, solo sabíamos que no volveríamos atrás. Los salvajes se llevaron a mis amigos, el mar se llevó a muchos otros.
Seguimos adelante, a pesar del frío y del hambre, hasta los confines de la tierra.
Cuando la Victoria, comandada por Juan Sebastián Elcano, regresó a Sevilla…
“El mar puede matar a un hombre. No puede quebrantarlo.” El valor de las especias
Clavo de olor, el ejemplo más espectacular
El clavo de olor, originario exclusivamente de las Molucas, era la especia más preciada a principios del siglo XVI. A principios del siglo XVI, en Londres o Amberes, 1 kg de clavo podía valer el equivalente a entre 7 y 10 g de oro.
En la práctica, esto significa:
Una bolsa de clavo de olor = un pequeño tesoro
Un cargamento bien conservado = riqueza instantánea
Una comparación con la que todos pueden identificarse
Salario anual vs. especias
Alrededor de 1500:
Un marinero o trabajador cualificado ganaba aproximadamente entre 5 y 10 ducados al año
1 kg de pimienta podía valer 1 ducado o más en Europa
Una sola bolsa de pimienta podía representar el salario de varios meses.
Dote, rescate, herencia
Los archivos muestran que:
Las dotes aristocráticas a veces se pagaban parcialmente con especias
Las deudas importantes podían saldarse con pimienta o nuez moscada
Los inventarios post mortem enumeraban las especias Junto con el oro y la plata.
Las especias eran una reserva de valor, no solo un condimento.
Pimienta, el "oro negro" de finales de la Edad Media.
La pimienta era tan preciada que:
Servía como moneda.
Se hablaba de la renta de la pimienta (rentas pagadas en pimienta).
Se guardaba en cofres cerrados.
Un dicho medieval, aún citado en el siglo XVI, era: "Rico como un comerciante de pimienta". ¿A qué se debe este valor exorbitante?
Extrema escasez (áreas de producción muy limitadas).
Utilidad vital: conservación de alimentos, medicina, perfumes, estatus social.
Monopolios comerciales (venecianos, luego portugueses).
En la época de Magallanes, un puñado de especias podía valer su peso en plata, e incluso en ocasiones casi el del oro.
Sólida referencia histórica (siglo XVI).
Antonio Pigafetta, cronista oficial de la expedición de Magallanes, escribió sobre el regreso de la Victoria (1522) en su «Relato de la primera vuelta al mundo» (1524), archivo de la Casa de Contratación de Sevilla. «El barco regresó cargado de clavo, en tal cantidad que su sola venta cubrió todos los gastos de la expedición». Esta frase es crucial porque demuestra sin lugar a dudas que un solo cargamento de especias compensó la pérdida de cuatro de los cinco barcos y la muerte de la gran mayoría de las tripulaciones.
La publicación de la serie de novelas gráficas
Mi objetivo no es económico. Es profundamente apasionante. Esta historia me ha cautivado durante más de diez años y nunca me ha abandonado. Debo contar esta historia épica tal como la vivo, sin concesiones.
Prometí a mis hijos que este proyecto se haría realidad, si Dios quiere. Cumpliré esa promesa.
Publicar no es mi prioridad. Formato digital o impreso, editorial tradicional o autoedición, me da igual. Cuando llegue el momento, mis hijos decidirán el camino a seguir y serán los que se beneficien.
Sin embargo, una cosa está clara: no publicaré esta serie con "Légion'arts éditions". Quiero evitar cualquier conflicto de intereses y cualquier crítica que pueda empañar una obra que, a mi juicio, es inmensa.
Prometí a mis hijos que este proyecto se haría realidad, si Dios quiere. Cumpliré esa promesa.
Publicar no es mi prioridad. Formato digital o impreso, editorial tradicional o autoedición, me da igual. Cuando llegue el momento, mis hijos decidirán el camino a seguir y serán los que se beneficien.
Sin embargo, una cosa está clara: no publicaré esta serie con "Légion'arts éditions". Quiero evitar cualquier conflicto de intereses y cualquier crítica que pueda empañar una obra que, a mi juicio, es inmensa.