La Bestia y Nosotros
Seguridad, Soberanía, Libertad
Por Louis Pérez y Cid
En 1945, Europa descubrió no solo que había perdido una guerra, sino también que se había dejado arrastrar a un salvajismo absoluto.
Naciones cultas, industrializadas y estructuradas, dotadas de prestigiosas universidades e ingenieros brillantes, se deslizaron hacia el abismo sin que el colapso pareciera inevitable en un principio. La pregunta, por lo tanto, no es simplemente: ¿quién tiene la culpa? Sino la más inquietante: ¿cómo pudieron las sociedades modernas consentir?
Refugiado en Suiza durante el conflicto, el periodista francés Bertrand de Jouvenel publicó *Du Pouvoir* (Sobre el Poder) en 1945. No buscaba un monstruo aislado, sino que analizaba una dinámica.
El poder político, explicó, tiende naturalmente a expandirse. Lo llamó la "Bestia".
El término no es excesivo; es preciso.
La Bestia no se refiere a un régimen en particular, sino a la lógica por la cual el poder crece cuando las circunstancias lo justifican y la ciudadanía lo acepta. La historia demuestra que este proceso nunca comienza con la brutalidad, sino con la necesidad.
En 1945, Europa descubrió no solo que había perdido una guerra, sino también que se había dejado arrastrar a un salvajismo absoluto.
Naciones cultas, industrializadas y estructuradas, dotadas de prestigiosas universidades e ingenieros brillantes, se deslizaron hacia el abismo sin que el colapso pareciera inevitable en un principio. La pregunta, por lo tanto, no es simplemente: ¿quién tiene la culpa? Sino la más inquietante: ¿cómo pudieron las sociedades modernas consentir?
Refugiado en Suiza durante el conflicto, el periodista francés Bertrand de Jouvenel publicó *Du Pouvoir* (Sobre el Poder) en 1945. No buscaba un monstruo aislado, sino que analizaba una dinámica.
El poder político, explicó, tiende naturalmente a expandirse. Lo llamó la "Bestia".
El término no es excesivo; es preciso.
La Bestia no se refiere a un régimen en particular, sino a la lógica por la cual el poder crece cuando las circunstancias lo justifican y la ciudadanía lo acepta. La historia demuestra que este proceso nunca comienza con la brutalidad, sino con la necesidad.
Seguridad, el motor silencioso
Toda sociedad aspira a la seguridad. Sin ella, hay vulnerabilidad, desorganización y caos.
La seguridad no es un consuelo; es una condición de existencia. Pero también es el motor más poderoso de la expansión del poder.
Con cada crisis —terrorismo, pandemia, guerra, inestabilidad económica— se repite la misma secuencia: expansión de prerrogativas, centralización de decisiones, reducción de los mecanismos de supervisión y aceptación de medidas excepcionales.
Estas medidas suelen ser racionales y necesarias. El problema no es su adopción, sino su acumulación. La excepción repetida termina reconfigurando la norma, y la norma transforma el equilibrio entre el Estado y la ciudadanía. El poder se vuelve más rápido, más presente, más intrusivo y, sobre todo, más difícil de contener.
La seguridad no es un consuelo; es una condición de existencia. Pero también es el motor más poderoso de la expansión del poder.
Con cada crisis —terrorismo, pandemia, guerra, inestabilidad económica— se repite la misma secuencia: expansión de prerrogativas, centralización de decisiones, reducción de los mecanismos de supervisión y aceptación de medidas excepcionales.
Estas medidas suelen ser racionales y necesarias. El problema no es su adopción, sino su acumulación. La excepción repetida termina reconfigurando la norma, y la norma transforma el equilibrio entre el Estado y la ciudadanía. El poder se vuelve más rápido, más presente, más intrusivo y, sobre todo, más difícil de contener.
Soberanía: Una respuesta legítima y un riesgo estructural
En este clima de incertidumbre, la soberanía se está convirtiendo de nuevo en un grito de guerra político.
En Estados Unidos, el movimiento MAGA en torno a Donald Trump promete un retorno al control: fronteras, decisiones nacionales y la primacía de los intereses nacionales.
En Europa, el auge de la Agrupación Nacional y Alternativa para Alemania refleja una aspiración similar: dejar de estar sujetos a dinámicas percibidas como impuestas o incontroladas.
Sería intelectualmente perezoso descartar estos movimientos por completo. Surgen de un malestar genuino: la movilidad descendente, la inseguridad cultural y un sentimiento de abandono.
Pero la lección de Jouvenel plantea una pregunta más objetiva: cuando la soberanía se convierte en el argumento central, ¿qué límites estamos dispuestos a imponer al poder soberano?
La soberanía puede proteger, pero también puede concentrar el poder. La historia nos enseña que la concentración, incluso cuando se vota y se apoya, altera permanentemente las relaciones institucionales.
En Estados Unidos, el movimiento MAGA en torno a Donald Trump promete un retorno al control: fronteras, decisiones nacionales y la primacía de los intereses nacionales.
En Europa, el auge de la Agrupación Nacional y Alternativa para Alemania refleja una aspiración similar: dejar de estar sujetos a dinámicas percibidas como impuestas o incontroladas.
Sería intelectualmente perezoso descartar estos movimientos por completo. Surgen de un malestar genuino: la movilidad descendente, la inseguridad cultural y un sentimiento de abandono.
Pero la lección de Jouvenel plantea una pregunta más objetiva: cuando la soberanía se convierte en el argumento central, ¿qué límites estamos dispuestos a imponer al poder soberano?
La soberanía puede proteger, pero también puede concentrar el poder. La historia nos enseña que la concentración, incluso cuando se vota y se apoya, altera permanentemente las relaciones institucionales.
Una Bestia Tecnológica
Los Estados del siglo XX ya poseían herramientas poderosas. Los del siglo XXI poseen una arquitectura mucho más extensa.
El poder ahora puede agregar cantidades masivas de datos, mapear redes sociales, anticipar comportamientos colectivos y modular el acceso a la información.
No se trata de fantasear con el control total, sino de reconocer una nueva capacidad estructural, una mayor demanda de seguridad, una firme afirmación de la soberanía y una tecnología que permite la expansión permanente.
La Bestia moderna no ruge; calcula, optimiza y racionaliza.
Y como actúa en nombre de la eficiencia, encuentra menos resistencia.
El poder ahora puede agregar cantidades masivas de datos, mapear redes sociales, anticipar comportamientos colectivos y modular el acceso a la información.
No se trata de fantasear con el control total, sino de reconocer una nueva capacidad estructural, una mayor demanda de seguridad, una firme afirmación de la soberanía y una tecnología que permite la expansión permanente.
La Bestia moderna no ruge; calcula, optimiza y racionaliza.
Y como actúa en nombre de la eficiencia, encuentra menos resistencia.
Libertad, la variable de ajuste
En el triángulo de seguridad, soberanía y libertad, la libertad casi siempre se convierte en la variable de ajuste. No se elimina por completo; se redefine.
Ciertas críticas debilitarían la unidad. Ciertos controles y equilibrios ralentizarían la acción. La urgencia prevalecería sobre la deliberación.
Nada espectacular. Nada alarmante. Pero la libertad se ve erosionada por la fricción continua. Las sociedades no colapsan porque ignoren el peligro; colapsan porque se acostumbran a minimizarlo.
Ciertas críticas debilitarían la unidad. Ciertos controles y equilibrios ralentizarían la acción. La urgencia prevalecería sobre la deliberación.
Nada espectacular. Nada alarmante. Pero la libertad se ve erosionada por la fricción continua. Las sociedades no colapsan porque ignoren el peligro; colapsan porque se acostumbran a minimizarlo.
El Colapso Silencioso
Afirmar que nuestras democracias están al borde del colapso sería una exageración. Pero las democracias no siempre caen por un golpe de Estado. Pueden evolucionar legalmente hacia formas de mayor concentración de poder. El debilitamiento gradual de los controles y equilibrios, la presión sobre la independencia judicial, la polarización que imposibilita el compromiso, la confusión entre la lealtad nacional y la lealtad al gobierno.
Cada paso, dado individualmente, parece defendible. Sin embargo, en conjunto, trazan una trayectoria. Y son las trayectorias las que importan.
Cada paso, dado individualmente, parece defendible. Sin embargo, en conjunto, trazan una trayectoria. Y son las trayectorias las que importan.
Un Requisito de Madurez
Las comparaciones mecánicas con la década de 1930 serían simplistas y arrojarían poca luz sobre la situación. Creer que la modernidad nos inmuniza sería una ilusión cómoda. Seguridad, soberanía, libertad: nada puede sacrificarse, pero nada puede sacrificarse no se puede absolutizar a nadie.
La fuerza de una democracia no se mide por el poder de su poder ejecutivo, sino por su capacidad de limitar el poder, incluso cuando parece necesario, incluso cuando actúa en nombre del bien común.
La Bestia es una potencialidad permanente en las sociedades organizadas. La Bestia de 2026 está infinitamente mejor equipada. Lo que la hace poderosa no es solo la coerción, sino también el apoyo.
Jouvenel advirtió: «El poder nunca es tan fuerte como cuando parece necesario». Ahí reside la lección: la necesidad es el combustible de la Bestia.
La Bestia no emerge rugiendo; avanza porque se le abre la puerta, en nombre del orden, la eficiencia o la protección.
La verdadera pregunta no es si nuestra era repetirá el pasado.
La pregunta es más exigente: ¿somos todavía capaces de limitar el poder que consideramos necesario?
Porque una democracia no muere solo cuando es atacada. Se debilita cuando deja de autocontrolarse.
La fuerza de una democracia no se mide por el poder de su poder ejecutivo, sino por su capacidad de limitar el poder, incluso cuando parece necesario, incluso cuando actúa en nombre del bien común.
La Bestia es una potencialidad permanente en las sociedades organizadas. La Bestia de 2026 está infinitamente mejor equipada. Lo que la hace poderosa no es solo la coerción, sino también el apoyo.
Jouvenel advirtió: «El poder nunca es tan fuerte como cuando parece necesario». Ahí reside la lección: la necesidad es el combustible de la Bestia.
La Bestia no emerge rugiendo; avanza porque se le abre la puerta, en nombre del orden, la eficiencia o la protección.
La verdadera pregunta no es si nuestra era repetirá el pasado.
La pregunta es más exigente: ¿somos todavía capaces de limitar el poder que consideramos necesario?
Porque una democracia no muere solo cuando es atacada. Se debilita cuando deja de autocontrolarse.